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 COLEGIATA DE SAN ISIDORO, LEÓN 
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Nota Re: SAN ISIDORO, LEÓN
El "caso del manto desaparecido" de la Reina Sancha

05.08.09 | 18:24 h. Agencia EFE
El cadáver de Doña Sancha, hija de la Reina Urraca y del Conde Raimundo de Borgoña, reposa sin el rico manto de bordados de oro que le dedicó Isabel II: un misterio para el que hay algunas respuestas y mucha tradición popular.

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La Real Colegiata de San Isidoro retiene entre sus muros misterios y leyendas propias de sus nueve siglos de historia, como el del manto que Isabel II ofreció para tapar el cuerpo incorrupto de la Infanta-Reina Doña Sancha, vestimenta que desapareció tras la revolución Gloriosa.

Varias teorías se han escrito al respecto del paradero de la prenda "de gran calidad, buen bordado, y cosidos en oro", aunque se trata de un suceso sobre el que la leyenda ha incidido y sobre el que se ha vertido la especulación popular, según el abad emérito de San Isidoro, Antonio Viñayo.

La Infanta Doña Sancha nació en el año 1102 y fue nombrada por su hermano, el Emperador Alfonso VII, como Reina para "ayudar en las tareas de gobierno", según recordó Viñayo, en declaraciones a EFE.

Doña Sancha falleció en el año 1159 en "loor de santidad" y como Reina, por lo que le correspondía que su cuerpo descansara en el Panteón de los Reyes, dentro de la Basílica de San Isidoro, en un sepulcro cubierto por una piedra.

El abad señala que era "costumbre" de los reyes que, al visitar este Panteón Real, descubrieran las lápidas, por lo que se pudo constatar que el cuerpo de la reina leonesa permanecía incorrupto, "como si se hubiera momificado de forma natural".

Durante la Guerra de la Independencia, la Colegiata fue utilizada por las tropas francesas como cuartel y el panteón como "pesebre para bestias", tal y como se recoge en varias publicaciones de Historia de España, mientras que el resto de la basílica fue objeto de saqueo y destrucción, incluido el Panteón Real.

También el sepulcro de Doña Sancha fue "maltratado", aunque una vez que las tropas abandonaron León, el Cabildo recuperó el cuerpo de la reina y habilitó el reposo para su cuerpo momificado.

Cuando Isabel II visitó San Isidoro y las obras de restauración del Panteón Real, quiso cumplir el "anhelado deseo de contemplar, momificado, el cuerpo de Doña Sancha".

El Cabildo introdujo el cuerpo de la reina en una caja de madera de nogal, que actualmente se encuentra en el Parador de San Marcos, dejando los restos al descubierto.

"La reina, emocionada ante la presencia de su ascendiente, ofreció, para dar a los restos regios el regio carácter adecuado, unas ropas adecuadas, cetro y corona", según un artículo que años mas tarde publicó la prensa leonesa.

Así, en 1867, el gobernador civil de la provincia de León, Pedro Elices González Alba, el obispo y otras autoridades recolocaron el cuerpo en la urna pero vestido con "la decencia y el debido respeto", cubriendo la momia con las ricas vestiduras, el cetro y la corona que envió Isabel II.

Sin embargo, la Revolución Gloriosa del año siguiente, 1868, que supuso el derrocamiento de Isabel II, trajo un cambio de autoridades y quedó Tomás de Aquino Arderius con el cargo de Gobernador Civil y con el estigma de "principal sospechoso" de la desaparición del manto regio.

Según ha relatado a EFE Antonio Viñayo, a Arderius "se le metió en la cabeza" ver el cuerpo de la Infanta Reina en el Panteón Real, y "se entusiasmó con el manto" y al parecer, el gobernador ordenó retirarlo para hacer una copia y enviárselo a su mujer: nunca más apareció.

Algunos autores apuntan a que el gobernador, acompañado por la Guardia Civil, se incautó de ese ropaje y de otros objetos de valor del Panteón y de la Basílica para satisfacer al nuevo Gobierno de España, que acaba de crear el Museo Arqueológico Nacional.

A principios del reinado del Alfonso XIII, éste recuperó la tradición de ver el cadáver de la Infanta Reina, pero "parece que no le gustó lo que vio", dijo el abad.

Sea como fuere, el manto nunca volvió a verse y el cuerpo de la reina se envolvió en un humilde crespón. "ahí está, envuelta y enterrada en el mismo lugar", relata el anciano abad.

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28 Oct 2009, 11:08
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Nota Re: SAN ISIDORO, LEÓN
EL AJUAR DE LA INFANTA MARÍA
(click para pdf)
Por Amalia Descalzo, Museo del Traje, Madrid


1. DESCRIPCIÓN DE LAS PIEZAS
El ajuar funerario de la Infanta María se compone de tres prendas con las que fue enterrada en 1235, comunes, por otra parte, a ambos sexos en esta época: camisa, calzas y garnacha.

La camisa: así se denominaba a la prenda que se vestía directamente sobre el cuerpo. Se encuentra situada en el centro de la vitrina. Es de algodón, con cuello redondo y abertura en el delantero.
Está confeccionada con dos paños: delantero y espalda, cortados en una pieza. La parte inferior se hace más holgada, al añadir a los costados dos piezas triangulares cosidas, o nesgas, con punto de crucetilla en color rojo. También las mangas amplían la sisa mediante dos piezas romboidales añadidas en su parte interior y van adaptándose al brazo hasta ceñirse en las muñecas.












Las calzas: prenda que cubría las piernas y el cuerpo hasta la cintura, se encuentra a la izquierda de la vitrina. Confeccionada en lino, presenta una hechura muy simple sin corte central para formar el tiro, limitándose a un corte semicircular en el centro para separar las piernas. Se ajusta a la cintura con una cinta que se pasa por ojetes.










La garnacha: prenda sin mangas, concuello redondo y abertura en el delantero, seconfecciona con dos paños que, cortados enuna pieza, integran cuerpo y falda. Conforma en el cuerpo, se abre hacia el bordeinferior con dos grandes nesgas que seincorporan en los costados. Estuvo forradade piel sin curtir, probablemente de conejo.Se conoce la existencia de dicho forro por losrestos hallados en su restauración.
La garnacha tiene en común con elpellote su hechura, pero, a diferencia deéste,llevaba un grueso forro, por lo que noquedaba pegada al cuerpo y se plegaba conmenos facilidad. Era, pues, una prenda deabrigo que se vestía sobre otras, como la sayaencordada y el pellote, o directamente sobrela camisa, como la llevaba la Infanta María.
Confeccionada con seda en su color, se decora con bandas horizontales formadas por hilos entorchados de oro.

























Figuras vistiendo Garnachas
Cántiga de Alfonso X. Cántiga 44
Localización: Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Biblioteca. Códice T.I.1

























2. DATACIÓN
El conocer la fecha exacta del fallecimiento de la Infanta María nos permite datar con exactitud las piezas en 1235.

3. PROCEDENCIA DE LAS PIEZAS
Doña María era la hija menor de Fernando III el Santo (1199-1252), rey de Castilla y de León, y de su primera esposa Beatriz de Suabia. La infanta murió siendo niña en 1235, pocos días antes de morir su madre, aunque no podemos precisar su edad. Fue hermana de Alfonso X el Sabio, que sucedió a su padre en el trono.
La Infanta María fue la última en ser enterrada en el Panteón Real de la Colegiata de San Isidoro de León, donde se encuentran depositados los cuerpos de treinta y tres miembros de la familia real leonesa. Con la invasión de la Península por las tropas napoleónicas, y la entrada de éstas en San Isidoro, se profanaron los sepulcros, produciéndose graves destrozos y robos de mortajas, tejidos y otros objetos. Sin embargo, y a pesar de las profanaciones, la importante información que ofrece el Panteón Real de San Isidoro ha sido objeto de estudio por parte de historiadores y antropólogos. En uno de esos estudios, realizado por un grupo de antropólogos en 1996, se dieron a conocer las piezas que en el Museo se exponen.

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Pellote de Fernando de Cerda

Estas piezas fueron recuperadas del interior del ataúd de madera de pino, forrado con ricos tejidos hispanomusulmanes. Formaba también parte del ajuar un almohadón en seda verde con relleno de plumón blanco.
Todo el conjunto fue trasladado, para su estudio y recuperación, al Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León, en Simancas, Valladolid, iniciándose en 1997 el excelente trabajo de restauración que nos permite hoy contemplar estas prendas del siglo XIII. Éstas, junto con el pellote de Fernando de la Cerda, la saya encordada de Leonor de Castilla y otras de excepcional importancia, recuperadas en la iglesia del Monasterio de Santa María La Real de Huelgas en Burgos, constituyen un tesoro para la historia de la indumentaria. Únicas en el mundo, nos han permitido conocer las hechuras de los vestidos y la riqueza y variedad de los tejidos medievales del s. XIII.

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Saya encordada de Leonor de Castilla


4. CARACTERÍSTICAS TÉCNICAS Y MODO DE FABRICACIÓN
La camisa, las calzas y la garnacha son vestidos cómodos y holgados, de corte sencillísimo, que permitían total libertad de movimientos. Las tres prendas están confeccionadas y tejidas a mano con ligamento tafetán, aunque con diferente material: la camisa, de algodón; las calzas, de lino; y la garnacha, de seda e hilos metálicos dorados, enrollados en espiral sobre hilo de algodón o seda y componiendo la trama.

La seda fue introducida en la Península por los árabes, iniciándose así la instalación de sederías y talleres de telares. La utilización del algodón en tejidos medievales es muy limitada, por tratarse de una planta no autóctona (hasta su introducción en la Península por los árabes), lo que nos indica que se trata de un tejido de importación y de uso limitado a los más poderosos. No ocurre lo mismo con el lino, que desde hacía tiempo se utilizaba en la confección de tejidos.

5. CONTEXTO SOCIAL E HISTÓRICO
En el siglo XIII en todos los países de la Europa Occidental se usaban vestidos muy semejantes, aunque fue Francia el país que desempeñó un papel importante, tanto en la creación del primer arte gótico como del primer traje gótico. España, en lo esencial, siguió la moda del resto de Europa, pero, especialmente entre las mujeres, presentaba toda una serie de rasgos muy originales. Algunas de las creaciones de la moda española del siglo XIII pasaron al resto de Europa en el siglo XIV.

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Pellote
Cántigas de Alfonso X. Cántiga 48
Localización: Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Biblioteca. Códice T.I.1

Podemos decir que a lo largo de todo el siglo XIII se mantiene el mismo estilo. Las prendas son cómodas, de corte sencillo, y se aprecia un especial gusto por vestirse una encima de otra, para conformar un vestido vistoso y exponente, de alguna manera, de la riqueza del que lo porta. En él queda, además, reflejado el gusto por la naturalidad que caracteriza al primer arte gótico.
La riqueza de los materiales nosremite al status noble de su propietario.En este momento histórico los grupossociales estaban ya configurados en nobleza, clero y pueblo llano. Cada grupotenía su propio estatus jurídico y a cadauno correspondía una función propia en el Estado y en la sociedad. Al integrarseestos estamentos en el Estado, éste vino aconfigurarse en un estado estamental,aunque subsistieran en él elementos de laantigua estructura feudal. Una de lasmanifestaciones del alto status de lanobleza y el clero, es la utilización de laseda, probablemente importada de Al-Andalus por los comerciantes quehabitaban en las ciudades.

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Camisa y Saya encordada

BIBLIOGRAFÍA

BERNIS MADRAZO, C. Indumentaria Medieval española. Consejo superior de investigaciones científicas, Madrid, 1956.
BERNIS MADRAZO, C. “Modas medievales españolas en el Renacimiento europeo”. Zeitschrift für historiche Waffen und Kostumkunde, Múnich, Heft, 1-2 (1959), p. 94.
GÓMEZ MORENO, M. El Panteón Real de las Huelgas de Burgos. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1946.
GUERRERO LOVILLO, J. Las Cantigas. Estudio Arqueológico de sus miniaturas. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1949.
HERRERO CARRETERO, C. Museo de telas medievales. Monasterio de Santa María la Real de Huelgas. Patrimonio Nacional. Madrid, 1988.
MENENDEZ PIDAL, G y BERNIS MADRAZO, C. “Las Cantigas. La vida en el s. XIII según la representación monográfica (II). Traje, aderezo y afeites” Cuadernos de la Alhambra, nº 15-17. Granada, 1979-81:89-154.
VV.AA. Catálogo de obras restauradas. Centro de conservación de bienes culturales de Castilla y León. Junta de Castilla y León, 1995-1998

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28 Oct 2009, 11:22
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Nota Re: SAN ISIDORO, LEÓN
Inscripción de inauguración del panteón hecha por Don Fernando y Doña Sancha:

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28 Oct 2009, 11:24
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Nota Re: SAN ISIDORO, LEÓN
AMBROSIO DE MORALES
VIAJE por orden de Rey D.Felipe II a los reinos de Castilla, León, Galicia y Principado de Asturias

Ambrosio de Morales (1513-1591) fue comisionado por el rey Felipe II para realizar un viaje por dichos reinos con objeto de recabar información sobre los enterramientos reales que hubiere en los Monasterios de esos lugares, así como reliquias de santos y libros que se guardasen en los mismos.

El texto está extraído de la edición realizada en 2004 por la Consejería de Cultura y Turismo, de la Junta de Castilla y León



LEÓN
SANTO ISIDORO

Es fundación real de muchos reyes. La más antigua es la del rey D. Sancho el Primero, llamado el Gordo, que para traer el cuerpo de S. Pelayo de Córdoba edificó aquí un monesterio de monjas, llamado S. Pelayo.

Después el rey D. Alonso el V, habiendo sido destruída la ciudad y llevado el cuerpo santo del mártir a Oviedo, él, restaurando la ciudad, reedificó el monesterio de S. Pelayo, mas con nombre y advocación de S. Juan Bautista, porque puso en él la gran reliquia de la mejilla baja toda entera de este santo, de quien se dirá luego.

Después el rey D. Fernando el Primero, cuando trujo aquí el cuerpo del glorioso doctor S. Isidoro, edificó más amplia y ricamente, y dotó de nuevo, y llamó el monesterio del nombre del santo doctor, quedándose todavía de monjas, pues que hasta el emperador D. Alonso, hijo de Dña. Urraca, no vinieron a él los canónigos reglares que agora están, como por escrituas de privilegios parece.

El enterramiento de los muchos reyes que aquí están sepultados es una capilla de Santa Catalina, que está al cabo de la iglesia, entendiéndose manifiestamente como ellos escogieron este lugar tan apartado del altar mayor por humildad, pues estuvo en su mano, cuando edificaban, escoger otro. Y el rey D. Fernando el Primero, por reverencia del santo, edificó adonde los dejase a los reyes muy lejos de su enterramiento y colocación de él.

La capilla está siempre cerrada, y no la abren sino para mostrarla a personas que es razón; y porque están los sepulcros llanos y muy juntos unos con otros, no se consiente que nadie suba a hollarlos para leer los epitafios, y no se dice ordinariamente misa allí, porque como están las sepulturas muy juntas con el altar, hay poco espacio y también se teme el entrarse gentes allí a la misa, y perderse aquel acatamiento. Y en la iglesia, así por ser consagrada, como por estar los reyes acá bajo, no se entierra jamás a nadie; y otras buenas costumbres guardan, todas por respecto de los cuerpos santos y de los reyes. La capilla es escura, y no puede estar solada ni adereza por las paredes, según son muchas las sepulturas reales. As¡ está con su antigüedad, y en aquel ser, majestad de la vejez.

Las sepulturas, que están en dos órdenes, juntas unas con otras, tienen todas sus epitafios en latín, en verso algunas y otras en prosa, y otras en verso y prosa; y tienenlos muy fielmente sacados los canónigos en una tabla, que yo los cotejé y los
llevo, mas por abreviar aquí los porné por lista.

En la primera orden, junto al altar, comenzando del lado de 1a epístola hacia el evangelio:
1. La reina Dña. Elvira, mujer del rey D. Bermudo, madre del rey D. Alonso el V
2. El rey D. Bermudo, su marido.
3. La reina Dña. Gimena, mujer del rey D. Bermudo el III.
4. El rey D. Alonso el V, con un muy largo epitafio.
5. La reina Dña. Elvira, su mujer.
6. El rey D. Bermudo e1 III, hijo de los reyes precedentes.
7. El rey de Navarra D. Sancho el Mayor. Fue trasladado de Oña, y por esto dicen también allá que lo tienen. Mas en el epitafio dice como lo trasladó aquí su hijo, el rey D. Fernando.
8. El rey D. Fernando, hijo del precedente. Y en su epitafio se dice como trajo aquí los cuerpos santos de S. Isídoro y S. Vicente de Ávila.
9. La reina Dña. Sancha, su mujer.
10. La reina D. Isabel, mujer del rey D. Alonso el VI, que ganó a Toledo. Intitulase en su epitafio hija del rey Luis de Francia.
11. La última de esta primera orden no tiene tumba alta, sino sóla una losa harto humilde en el suelo, y es de la Zaida, mujer del dicho rey. Llámase en el epitafio Isabel, hija del rey de Sevilla, y que se llamó antes Zaida.
12. En la sepultura que está debajo del mismo altar con el epitafio en las piedras de él, está el Infante D. García, que fue muerto aquí, en León, por los hijos del conde D. Vela; y así lo dice en su epitafio. Hase de entender que aunque las diez sepulturas de las dichas son tumbas de piedra altas, y algunas muy grandes, ninguna es tumba, sino llanas todas las losas del cobertor, y no teniendo vultos, tienen algunas de ellas las figuras de los reyes esculpidas como debujo.

La segunda orden, comenzando como antes:
1. La Infanta Dña. Sancha, hija de la reina Dña. Urraca y del conde D. Raymundo. Es la que prometió virginidad a Santo Isidoro, y por esto la llaman su esposa, y el santo hizo grandes milagros por ella.
2. La reina Dña. Urraca, su madre de la pasada, y aunque en los versos de su epitafio dice que está enterrada en hermosa sepultura, no es mas que una arca de mármol lisa con la cubierta lisa.
3. La Infanta Dña. Estefanía, hija del emperador D. Alonso, hijo de Dña. Urraca. Intitúlase mujer de D. Fernán Rodríguez de Castro y madre de D. Pedro Fernández el Castellano. Esta es la señora a quien mató su marido por el gran desastre que el conde D. Pedro cuenta.
4. La Infanta Dña. Urraca, hija del rey D. Fernando el Primero. Intitúlase en su epitafio reina de Zamora. Su sepulcro es extrañamente rico. El arca de mármol blanco muy excelente. La cubierta, en que está a la larga el epitafio, es tumbada, y de aquel pórfido morado, que elige en Sahagún. Así resplandece agora como si ayer lo acabaran de pulir.
5. La infanta Dña. Elvira, hermana de la precedente.
6. El rey D. García de Galicia, hijo de D. Fernando el Magno. Está debujado con su argolla al cuello y cadena que desciende de allí a las esposas y baja a los grillos, por haberlo hecho morir en prisión su hermano, el rey D. Sancho.
7. La infanta Dña. María, hija del rey de León D. Fernando, hermano de D. Sancho el Deseado.
8. La reina Dña. Teresa, mujer del dicho rey D. Fernando de León.
9. El infante D. Fernando, hijo del precedente, y está atravesada su sepultura entre sus padres, y es pequeña.
10. La infanta Dña. Leonor, hija del rey D. Alonso de las Navas.

La tercera orden
Todas son sepulturas bajas, cuasi nada levantadas del suelo, y no tienen mas que los nombres, y no son reyes ni infantes. Hay arrimados a las paredes otros tres lucillos altos, pequeños, no tienen letra, deben ser de infantes.

Reyes sin titulos
Sin estos reyes que tienen así sus epitafios, hay enterrados en esta capilla muchos otros reyes más antiguos, como por el arzobispo D. Rodrigo y D. Lucas de Tuy parece; y los trasladó aquí de diversas partes el rey D. Alonso el V Y son los siguientes:
El rey D. Alonso el Cuarto.
Los infantes D. Alonso, D. Ordoño y D. Ramiro, hijos del rey
D. Ramiro el II, que venció la de Simancas.
D. Ordoño el Tercero
D. Sancho el Gordo. Y creese que están todos en uno como medio cubo de muro bajo, que está al lado del evangelio, al rincón.

Por todos estos reyes tienen los canónigos en común cuidado de muchos sufragios, y en particular los lunes en la procesión de Defuntos entran en la Capilla Real, y dicen un responso solemne, incensandose las sepulturas reales; y la misa cantada de Defuntos, que se ha dicho antes de esta procesión, es perpetuamente por los reyes: y la misa de prima, que se dice cada día cantada, se puede decir que es por ellos, pues en general va por los bienhechores. También entre año les echa el prior a los canónigos ciertas misas por los reyes, pues también son apropiadas a los bienhechores. Aniversarios dicen también por los reyes entre año con obsequias solemnes: el día siguiente después de la epifanía el día de Santa Catalina, un día después de los Defuntos, y así otros.

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28 Oct 2009, 11:28
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Nota Re: SAN ISIDORO, LEÓN
El templo que sostiene San Isidoro es el de Alfonso V y no el de Fernando I
Diario de León - 23/04/09

Gerardo Boto, profesor titular de Historia del Arte en la Universidad de Gerona y uno de los mayores estudiosos de San Isidoro, ha asegurado que el esbozo de los cimientos del templo desvelado hace ya cien años por Juan Crisóstomo Torbado y reforzado por el plano arqueológico que John Williams realizó en los años setenta tras su investigación en León pertenece a la iglesia levantada por Alfonso V y no a la que de Fernando y Sancha, como tradicionalmente se ha defendido. «Hace un siglo que tenemos ante nuestros ojos la iglesia del año mil y no nos hemos dado cuenta», asegura el historiador.

Y es que hay que recordar que Torbado tuvo que excavar en el noroeste del templo durante los trabajos de restauración desarrollados a principio de siglo. Sus notas fueron publicadas por primera vez por Díaz Jiménez en 1917 y estas coinciden en buena medida con el plano que el profesor Williams realizó hace casi cuarenta años, plano que se mantuvo inédito hasta que el año pasado lo publicó Diario de León.

Tanto Torbado como el profesor de la Universidad de Pittsburgh defienden que los cimientos que se ocultan bajo la basílica plenorrománica corresponden a la iglesia que Fernando I y Sancha mandaron levantar. Sin embargo, Boto se ha replanteado toda la historia y la arqueología tradicionales. Explica que el soporte sobre el que descansa la joya del románico español es el mismo que se empleó para edificar la iglesia de Fernando I y Sancha, alzada sobre los restos de los templos prerrománicos dedicados a San Juan Bautista y San Pelayo por Alfonso V en los albores del segundo milenio, tras el severo ataque de Almanzor a la ciudad.


Espacios jerarquizados

Gerardo Boto precisa que en cualquier edificación, y más en las religiosas, los espacios no sólo están segregados sino jerarquizados. Es decir, los espacios destinados a los fieles no pueden ser los mismos que los que se reservan a los presbíteros. «Si comparamos en plano de John Williams con el muro de Fernando I nos damos cuenta de que todo el costado norte, desde la cabecera hasta los pies, está conservado», subraya.

Boto resalta además que el muro de Fernando I es liso, sin rastro de columna o pilastra, lo que viene a demostrar que no tendría espacio de separación de estos dos ámbitos. «Una iglesia románica no puede funcionar sin la separación entre el ábside y las naves -”destaca-”, sería como un avión en el que no hubiese segregación entre la cabina de los pilotos y la nave de los pasajeros.

Es decir, si seguimos el plano del erudito norteamericano, nos damos cuenta de que no puede pertenecer a la iglesia de Fernando I por cuanto que al muro norte conservado -”dispondríamos, como mucho, de toda la nave, pero sólo de la nave-” le falta el ábside (que estaría más al este de la cabecera encontrada).

En opinión del investigador, los muros de cierre norte, oeste y sur del San Isidoro de Fernando I y Sancha se asentaron sobre los del edificio alfonsino. El ángulo noroeste fue el que respetó la construcción románica que conocemos. Su arquitecto y sus promotores optaron por no extenderse ni hacia el oeste ni hacia el norte, para respetar el panteón y el claustro.


Sancha ideó una iglesia románica
Diario de León - 23/04/09


Gerardo Boto recusa la historiografía oficial y niega que Fernando I levantara un templo neoasturianista. «No tiene ningún sentido que el rey realizara encargos a los orfebres más vanguardistas de Europa y luego hiciera arquitectura arqueológica al idear el templo», revela. Y es que el profesor defiende que Fernando I no intentó legitimarse como rey construyendo una iglesia típica del tatarabuelo de la reina por cuanto que habría sido la propia Sancha la artífice de la misma.

Es decir, presuntamente la iglesia levantada por Fernando I y Sancha siguió el modelo románico que ya se seguía, por ejemplo, en Palencia o, con otros paradigmas, en Cataluña o en Loira. También revisa Boto las fuentes que defienden que el templo de Alfonso V se moldeó construyó en barro. «Puede que esta idea se asumiera con el fin de glosar el reinado de Fernando y Sancha contraponiéndolo con el de Alfonso», incide. Resalta así la inutilidad de que unos cimientos tan poderosos soportaran una simple iglesia de barro. «No, el padre del Fuero de León mandó construir un edificio de piedra», asegura.


28 Oct 2009, 12:52
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Nota Re: SAN ISIDORO, LEÓN
Una joya leonesa en Madrid
El Cabildo de San Isidoro cedió en 1870 al Museo Arqueológico Nacional uno de los más preciados tesoros del rey Fernando I y de su esposa Sancha
Diario de León - 13/04/09

Siempre es reconfortante dar una vuelta por nuestros más emblemáticos monumentos y evocar, a través de ellos, las distintas peripecias por las que ha pasado la historia leonesa. Fuimos a la Colegiata de San Isidoro y visitamos el Panteón de Reyes en la que fue primeramente Capilla de Santa Catalina, nominación que fue perdiendo al pasar a ser depositaria de los restos mortales de la realeza leonesa. Y el epitafio que reza sobre la tumba de Fernando I nos sugirió este Retablo.

Dice así: «Aquí está enterrado Fernando el Magno, rey de toda España, hijo de Sancho, rey de los Pririneos y de Tolosa. Éste trasladó a León los cuerpos de los Santos Isidoro, arzobispo, desde Sevilla; Vicente, mártir, desde Ávila, e hizo de piedra esta iglesia, que en otro tiempo fue de tierra. Éste, peleando, hizo tributarios suyos a todos los sarracenos de España. Tomó a Coimbra, Lamego, Viseo y otras ciudades. Éste tomo por fuerza los reinos de García y Bermudo. Murió el sexto día de las calendas de enero. Era MCIII (año 1065)» -”por supuesto, todo ello en latín-”.

Picados de la curiosidad, y para ofrecer a nuestros lectores un detallado relato de la relación que tuvieron aquellos reyes con la iglesia de San Juan Bautista -”más tarde de San Isidoro-”, recurrimos a la obra del R.P.M. Fray Joseph Manzano titulada Vida y portentosos milagros del glorioso San Isidoro, arzobispo de Sevilla , editada en Salamanca en el año 1732, que en su capítulo 46 dice: «Don Fernando y Doña Sancha, al mismo tiempo que trasladaron al templo de San Juan Bautista, por ellos edificado, los venerables huesos del santísimo doctor de las Españas, enriquecieron a aquel lugar, que era el centro de su amor, con preseas y alhajas de tanta estimación y precio que, aunque hoy no se conservan en su integridad, por los expolios sacrílegos de la guerra, es justo que de las más principales hagamos en esta Historia un puntual recuerdo.»

Para ello, el padre Manzano transcribe parte del Decreto que los propios reyes dictaron en su día: «En el nombre de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que es trino en unidad y uno en deidad, Nosotros, pequeños e indignos siervos de Cristo, Fernando, rey, y Sancha reina, ofrecemos a la iglesia de San Juan Bautista y a San Isidoro los ornamentos de altares, que son: un frontal de oro purísimo con piedras preciosas, labrado de rica obra; otros dos frontales de plata para los demás altares; tres coronas de oro, la una con tres alfas al derredor y con acates pendientes de ella, la otra con ametistes, con olovitrio, dorada; y la tercera es la corona de oro de mi cabeza. Una arquilla de cristal; una cruz de oro sembrada de piedras preciosas; un crucifijo de marfil; dos incensarios de oro; otro incensario grande de plata; un cáliz y patena de plata esmaltado; una estola de brocado; un arca de marfil, labrada de oro, y otras dos de marfil labradas de plata; tres frontales labrados para los altares; dos mantos de brocado, casullas con dalmáticas de lo mismo, y un servicio de mesa».

«De todo aquello -”sigue diciendo el padre Manzano-” pocas prendas se reservan en aquella Real Casa, saqueada y robada por los sacrílegos, pero sí se conserva la cruz de marfil, sin guarnición alguna, aún con señas de haberla tenido. Es casi de una vara de alto; y la común tradición asienta que el invictísimo Fernando la llevaba en las batallas contra los infieles... Guárdase como singularísima prenda en el relicario del convento, y en el pie tiene grabada la siguiente inscripción: «Ferdinandus, rex; Sancia, regina»

Esta cruz es procesional, de forma latina, con los brazos y cabecera ensanchados por sus extremos. Presenta ambas caras cuajadas de figuras y ornatos grabados y de relieve. En el anverso pende la imagen de Jesús crucificado.

Su altura es de 52 centímetros, lo largo de la trasversa 34,5 cm., su grueso, un centímetro, su anchura, en lo general, siete centímetros. La imagen crucificada mide, desde la cabeza hasta los pies, 30 y medio, y 25 de extremidad a extremidad de ambas manos. Lujosa orla corre por las orillas de la cruz en ambas caras, dejando ancho campo en el centro a numerosas figuras simbólicas, siendo, no obstante, más estrecha y menos ornamentada en el reverso.

La imagen de Cristo crucificado es desproporcionada en sus formas. En su cabeza, apenas inclinada, y sin señales de padecimiento, se retuerce el pelo como si fuesen cordones, y se rizan las dos puntas del bigote. Los ojos, abiertos y excesivamente grandes, llaman la atención por sus enormes pupilas de azabache. Los pies, separados, manifiestan grabadas sus llagas, como también arroyitos de sangre, pero sin fijarse en la cruz con clavos.

Sobre la enunciada imagen, la inscripción, sin cartel, se reparte en tres renglones, de este modo: «IHE NAZA/ RENVS REX/ IVDEORUM» (INRI).

El Cabildo de la Real Colegiata de San Isidoro de León, en el año de 1870, por acuerdo consignado en acta que se guarda en el archivo del gobierno de la provincia -”según recoge el eminente historiador y arqueólogo Manuel de Assas y de Ereño, en 1871-” cedió, junto con otros objetos, este importante crucifijo de marfil al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, en el cual se halla convenientemente colocado sobre rica peana de cristal de roca.


28 Oct 2009, 13:00
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Nota Re: SAN ISIDORO, LEÓN
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Una imagen vale más que mil palabras. El Cristo de márfil de Fernando I del Museo Arqueológico Nacional

Marfil, azabache
Colegiata de San Isidoro de León
Románico. Siglo XI
Este crucifijo fue una donación de los Reyes de León a la Colegiata con motivo del traslado de las reliquias de San Isidoro desde Sevilla. Es una estauroteca – receptáculo para contener una reliquia de la Vera Cruz- y resume sintéticamente la historia de la salvación. Figura como protagonista de la redención Cristo crucificado, a cuyos pies sale Adán de la tumba, el causante de la caída del hombre. En la parte superior, Cristo resucitado, iconografía novedosa, pues lo usual es la representación de las mujeres ante el sepulcro recibiendo el mensaje de ángel. Cristo baja al limbo a recoger las almas de los santos que salen de sus tumbas, como en la eboraria carolingia. En el reverso, se dispone el Cordero Místico rodeado del Tetramorfos.

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28 Oct 2009, 13:14
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Nota Re: SAN ISIDORO, LEÓN
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Una buena fotografía de la Iglesia de San Isidoro

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28 Oct 2009, 14:17
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Nota Re: COLEGIATA DE SAN ISIDORO, LEÓN
Añado algunas fotos más que no habíamos subido:

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Si no me equivoco esta tumba es la número 5 del plano de Chu, por lo que correspondería a una lauda sepulcral perteneciente a Vermudo II. Chu me corriges?

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10 Ene 2010, 18:49
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Nota Re: COLEGIATA DE SAN ISIDORO, LEÓN
Algunas foto más del Panteón Real:

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Si he repetido alguna me lo decís por favor ;)

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